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viernes, 24 de octubre de 2008

LARGO ADIOS AL CLUB DE PARIS

La deuda actual con el Club de París es el saldo de una serie de operaciones iniciadas por el Estado argentino hace ya más de 50 años.

Cuando a partir del año 2004 el Gobierno decidió renegociar en sus montos, tasas y plazos, su deuda externa excluyó del ajuste las deudas contraídas con los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo) y con el Club de París, que reúne a 19 países del mundo desarrollado.

La sorpresiva decisión del Gobierno nacional de cancelar la deuda con el Club de París ha generado un debate sobre la oportunidad, la forma y la necesidad de encarar, en un momento de tantas tribulaciones en el campo político, económico y social en el ámbito local, regional e internacional, una operación de esta naturaleza.

Este debate, siempre conveniente, no ha quedado circunscripto a los especialistas sino que se extendió a otros círculos más amplios. Según encuestas realizadas, un amplio espectro de la sociedad ha manifestado su acuerdo con la medida, entendiendo las circunstancias que aconsejaban llevarla a cabo.

La decisión comunicada por la Presidenta -sin que mediara expectativa alguna por parte de los medios especializados- de que había dispuesto instruir al ministro de Economía para cancelar la deuda vencida con dicha institución con recursos provenientes de las reservas disponibles del Banco Central, tomó por sorpresa a la opinión pública pero, sobre todo, a la clase política que tuvo que sentar posición respecto de la medida y elaborar argumentos para fundamentarla.

Hacía ya un par de años que el gobierno había iniciado las negociaciones para refinanciar esta deuda, pero el Club de París había puesto como condición la intervención del Fondo Monetario Internacional en el monitoreo de las políticas económicas nacionales.

Esta condición irreductible por parte de los acreedores no fue aceptada por el Gobierno argentino en una actitud que se correspondía con la decisión de librarnos de esa inaceptable tutela.

Resulta necesario tener presente que las decisiones del Club de París se toman por unanimidad y que algunos de los países miembros no guardan buen recuerdo de las quitas que tuvieron que aceptar algunos de sus ciudadanos durante la renegociación de la deuda en default.

Detengámonos brevemente sobre las reacciones negativas que ha despertado esta decisión entre algunos sectores -fundamentalmente opositores- que manifiestan que esos recursos deberían ser dedicados a imperiosos reclamos locales.

El argumento en este caso es, a nuestro juicio, débil, ya que con independencia de las limitaciones de tipo reglamentario y jurídico que lo impiden, es fácilmente imaginable el impacto que tendría sobre el proceso inflacionario lanzar al mercado una cifra en pesos de semejante volumen.

En cuanto a las argumentaciones críticas sobre la forma de pago, consideramos que las negociaciones dejaban en claro que lo que se pretendía era una renuncia por parte de la Argentina a su independencia en la toma de decisiones soberanas en materia de políticas económicas y sociales, independencia que si bien no es absoluta, se reduciría sensiblemente con la intervención del FMI.

La presión del sistema financiero internacional, transmitida por parte de importantes representantes de países con los cuales la Argentina tiene relaciones comerciales, hizo difícil diferir la solución del conflicto.

En un marco complejo, tanto en el ámbito local como en el internacional, el gobierno tuvo que tomar el único camino posible: la cancelación del total de la suma vencida que asciende, con intereses y punitorios, a una suma cercana a los 7 mil millones de dólares.

El camino para la concreción del pago no es simple. El Poder Ejecutivo deberá elevar al Parlamento un proyecto de ley que apruebe el pago, pero por sobre todo, que autorice el uso de las reservas del Banco Central para hacerlo, además de tomar precauciones para evitar posibles embargos de los acreedores que no aceptaron el canje de deuda.

Deseamos, en primer lugar, señalar que compartimos una opinión favorable con la decisión tomada porque, entre otras razones, es una deuda que interfiere con las relaciones comerciales que la Argentina tiene con los países miembros del Club de París.

En segundo lugar, si bien se trata de un monto reducido en relación con la deuda pública total, al cancelar un pasivo en moneda extranjera se mejora su perfil, al tener un mayor porcentaje de deuda en moneda local.

En tercer lugar, se favorecen las posibilidades de que inversores domésticos y extranjeros obtengan financiamiento externo a tasas menores que las vigentes y el acceso a garantías de inversión que actualmente les están vedadas.

En cuarto lugar, si las conocidas calificadoras de riesgo actuaran con objetividad, deberían modificar sus guarismos respecto de la Argentina, restándoles argumentos a los profetas del desastre que resurgen a la luz de los problemas que acechan al país en esta crisis financiera internacional.

En quinto lugar, aunque las reservas del Banco Central han conocido períodos más holgados, la modificación que se producirá en su monto una vez efectuado el pago no alterará sustancialmente su capacidad de intervención en el caso de que fuera necesaria.

En sexto lugar, si bien el monto a saldar es una cifra significativa para la economía argentina e insignificante desde el punto de vista del sistema financiero internacional, consideramos que los efectos a nivel local no serán sustanciales, en la medida en que se mantengan los equilibrios macroeconómicos que hasta ahora acompañaron y son requeridos para consolidar una economía con desarrollo sustentable en el tiempo.

Por último, dos reflexiones finales. Es predecible, que el Gobierno crea oportuno continuar con una depuración de las deudas que aún no fueron consideradas. El hacerlo, volverá a generar una discusión, que será dura pero positiva.

Es bueno que la sociedad active su interés por participar en las decisiones del Gobierno, ya que así le dará la fortaleza que no surge cuando la toma de decisiones es hecha en pequeños cenáculos.

Mientras se resuelven estos importantes asuntos de Estado, no olvidemos que el objetivo prioritario que hoy nos interpela sigue siendo la distribución equitativa del ingreso y a ello nos debemos abocar todos: Gobierno, oposición, productores y trabajadores.

por Abraham Leonardo Gak
Profesor honorario de la UBA

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EL PRECIO DE LA SOBERANIA


La presidenta Cristina Fernández anunció que Argentina cancelará su deuda de 6.706 millones de dólares con el Club de París utilizando parte de las reservas del Banco Central.

Menos de 48 horas más tarde, el Congreso aprobó la reestatización de Aerolíneas Argentinas.

¿Son decisiones contradictorias o complementarias?

Lo de Aerolíneas fue accionar sobre un hecho casi consumado. La empresa estaba técnicamente quebrada y la presión era muy grande: los trabajadores apretaban para no quedar en la calle, los gallegos ya no querían poner más plata (si es que alguna vez pusieron algo) y el destrato diario a miles de pasajeros (en años de auge turístico) no daba para más.

Dicen que la posición de los gremios más una encuesta y los rumores del ambiente llevaron a la presidenta a impulsar la reestatización y enviar el proyecto al parlamento. Lo demás, ya es conocido, aunque el líder de los trabajadores aeronáuticos aporta en esta edición datos claves en una charla esclarecedora.

El pago al Club de París parece apuntar a desbaratar múltiples operaciones de la patria financiera para instalar un insólito clima de default.

La pelea con España por Aerolíneas, además, resintió la relación con un importante amigo dentro del Club de Paris, amén del lobby de las calificadoras de riesgo y de los bancos.
Seguro hubo otras razones que se nos escapan a los millones de argentinos que no estamos en la mesa chica.

El desteñido abanico opositor

Vale abrir un paréntesis para detenerse en el vergonzoso papel de la oposición.

Escuchar a los opositores por derecha desdecirse de lo que hasta hace una horas afirmaban como una necesidad (garpar) para que la Argentina esté en el concierto de los países serios fue lamentable, tanto como que ni siquiera se les caiga una idea.
A la larga, sus voceros son siempre los mismos y tienen los intereses de siempre.

Como leemos acá, el incombustible Mingo Cavallo colgó en su blog este artículo “para ayudar a nuestra Presidenta”,aunque en realidad parece servir a sus históricos socios y/o patrones.

Por izquierda, la oposición peca cuanto menos de perezosa. No vamos a opinar de los dichos de Buzzi porque sería un regalo meterlo en este palo. Pero la declaración de Pino Solanas reclamando que “en lugar de investigar parte de la deuda que fue contraída ilegítimamente a fines de la dictadura militar, el Gobierno acepta las presiones del establishment y paga al Club de París" resulta casi demodée.

Como leímos por ahí (no encontramos el link, así que citaremos sin citar) el “Estado argentino es una continuidad histórica institucional, cercana ya a los doscientos años. Por ende, señalar la ilegitimidad de origen de la deuda, tras pagarla durante 25 años de gobiernos democráticos, parece, como mínimo, inconsistente.¿Nos dimos cuenta ayer de que estaba mal pagar? ¿Quién nos financiaría? ¿Quién liberaría créditos? ¿A qué tasas?No hay desarrollo sin financiamiento. Y ello empeora en el caso de una economía abierta, que depende, para crecer, de sus exportaciones.” Más claro…

La izquierda testimonial debería darse cuenta de que así, no tiene destino, porque la gente ya sabe que hablar es más fácil que gobernar.

De los radicales de Morales y cía, mejor no dar detalles. Cuando fueron gobierno (si se le puede llamar así), en menos de dos años se mandaron un repertorio completito de ajustes, recorte de salarios estatales, reducción del 13% a las jubilaciones y déficit cero, desesperados por cumplir con los acreedores. Ahora, parecían salidos de un local del PO.

Comprar soberanía

Nos preguntábamos al inicio si estas dos grandes decisiones nacionales que nos ocupan son contradictorias o complementarias.

Para ser sinceros, cuando el tablero se pone complejo y/o confuso, lo mejor es recurrir a los métodos básicos y someter cualquier disyuntiva a la pregunta de siempre: ¿a quiénes favorece?

Esto nos lleva (otra vez) a la tan meneada como postergada redistribución de la riqueza. Nobleza obliga, transcribimos una frase de la declaración de Solanas: “Con esa suma (los seis mil palos del Club parisino) se podría acabar con la indigencia o reconstruir a nuevo el sistema ferroviario y la flota marítima".Se dirá que es tan testimonial como lo anterior que criticamos, pero da un poquito por las pelotas, ¿no?

Para esquivar atascarnos en el reclamo eterno de que con la guita del Banco Central se podrían hacer un montón de cosas, lo primero que hay que hacer es reformar la carta orgánica del Central. Como diputada, la actual titular del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont, había propuesto modificaciones a esa carta orgánica para ampliar el marco de utilización de reservas. Nunca logró reunir apoyo ni del gobierno ni de gran parte de la oposición.

La redistribución de la riqueza se perdió como bandera la noche del voto no positivo en el Senado. Ahora hay que reagrupar fuerzas para que, la próxima vez, tengamos más éxito.

Ahora, con sectores que lo único que pretenden es decir “Yo lo dije” o “Yo tenía razón”, no vamos a llegar muy lejos.

También es importante que los sectores que estuvimos en la calle apoyando la redistribución la sigamos sosteniendo independientemente del gobierno, que tiene que atajar varios penales antes de encarar una nueva pelea para recuperar la bandera perdida.

Los trabajadores de Aerolíneas dicen que con la reestatización estamos comprando soberanía.No sé si algo de eso no tuvo también la movida del Club de París.

Como sea, el gobierno muy de a poco está volviendo a marcar la agenda, socorrido por una oposición que lo único que espera es que lo parta un rayo, como si una alternativa se construyera así.

La aprobación en Diputados del proyecto de movilidad jubilatoria y las tímidas medidas tributarias (impuesto a las ganancias) y previsionales (asignaciones familiares) contribuyen a ese reposicionamiento oficial.

Es cierto, no con la agenda de centroizquierda que nos hubiese gustado, sino con una más de centro, como ya lo dijimos. ¿Había otra posibilidad?

Más allá de la pelea que se viene con Marsans, por encima de la validez táctica que pueda tener saldar la deuda con los países poderosos, el coro de voces del establishment empresarial y financiero que aplaudió de pie la medida de Cristina en la Casa Rosada, junto a alborozados títulos mediáticos como el de Julio Blank (Cristina vuelve al mundo), son una señal de alerta que nos llevan a recordar (le) la frase pronunciada por la propia presidenta hace un mes en el municipio bonaerense de San Martín: “Cuando tengo una duda, miro muchas veces quien se pone de un lado y así, por asociación, yo me pongo del otro lado”.

por Carlos Benítez
Publicado en Revista Zoom el 4 de Setiembre de 2008

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jueves, 9 de octubre de 2008

MOYANO, TRAS LOS DOS DEMONIOS

Hugo Moyano incurre en el mismo error que Cecilia Pando de Mercado cuando califica como crímenes de lesa humanidad hechos atribuidos a grupos no estatales durante los años 70, en este caso, el asesinato de José Ignacio Rucci, muchas veces adjudicado a Montoneros.

Por entonces, las responsabilidades penales en los conflictos armados internos —en el caso de que se reconociera al enfrentamiento un nivel de intensidad que permitiera calificarlo de esa manera— no se regían por el derecho internacional humanitario.

Los ilícitos que podía cometer la guerrilla constituían crímenes comunes y no crímenes de derecho internacional. En efecto, la noción de crimen de guerra se aplicaba tan sólo en los conflictos armados internacionales.

El llamado desarrollo progresivo del derecho internacional fue modificando esa situación y, en los años 90, se reconoció la responsabilidad penal frente al derecho internacional en los conflictos armados internos librados en aquellas fechas (el caso de Ruanda ilustra ampliamente esta evolución).

Podría plantearse el interrogante de saber si hechos como la muerte de Rucci constituyen, no crímenes de guerra, sino crímenes de lesa humanidad, como los califica el secretario general de la CGT.

Todo un sector de la doctrina, después de la Segunda Guerra Mundial, estimó que en el crimen de lesa humanidad estaba presente un elemento estatal, eran crímenes cometidos en forma directa o indirecta desde el Estado. Tanto es así, que uno de los primeros teóricos del crimen de lesa humanidad después de la caída de la Alemania nazi -el jurista rumano Eugenio Aroneanu- acuñó una clara expresión para describir estos crímenes: "ejercicio criminal de la soberanía estatal".

Una gran autoridad contemporánea en la materia -el jurista egipcio Cherif Bassiouni- se cuenta entre los autores que han considerado necesaria la participación estatal para el perfeccionamiento del tipo penal.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional exige para configurar el crimen de lesa humanidad que éste se cometa en el marco de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil. Se ha entendido que generalizado significa masivo, y sistemático quiere decir planificado.

Ahora bien, el Estatuto de Roma admitió como sujeto activo del crimen de lesa humanidad a grupos no estatales y no sólo al Estado.La categoría del crimen de lesa humanidad fue aplicada por el Tribunal para la ex Yugoslavia que se rige por su propio Estatuto. En la jurisprudencia del Tribunal se ha exigido que los grupos no estatales tengan control del territorio o puedan moverse libremente por el mismo para admitir su capacidad de cometer crímenes de lesa humanidad.

Esto es así porque de otro modo parece imposible que un grupo pueda actuar en el marco de un ataque sistemático o generalizado contra una población civil. Vale decir que en los casos en los que no existe la intervención directa o indirecta del Estado, el crimen de lesa humanidad supone la capacidad de control territorial o de libre movimiento por el territorio de parte del autor no estatal de la infracción, lo que nunca alcanzó la guerrilla en la Argentina.

Por otra parte, nunca se realizó en el país una investigación objetiva, imparcial e independiente sobre los hechos de la lucha armada, salvo algunas contribuciones académicas. Faltan, por ejemplo, investigaciones como las de las Comisiones de la Verdad, establecidas con el auspicio de la ONU en El Salvador y en Guatemala, respectivamente.

Tales comisiones investigaron violaciones de los derechos humanos cometidas por el Estado y por la guerrilla en cada uno esos países y resultó de dicha investigación el carácter sistemático de las violaciones atribuidas Estado, y el esporádico de las reprochadas a las organizacion insurgentes en América Central.

Es sabido que nuestra Corte Suprema considera crímenes de lesa humanidad sólo a aquellas atrocidades en que existió intervención directa o indirecta del Estado.

Existe, en efecto, una diferencia cualitativa entre los actos del Estado y los de los grupos no estatales, en la escala en que actuaron en la Argentina. La diferencia estriba en la concentración de poder que es propia del Estado y en la naturaleza de ese poder dentro del sistema republicano y democrático, ya que en éste el Estado ejerce el monopolio de la violencia legítima, basada estrictamente en la Constitución, la ley y el derecho internacional.

Pretender extender en el sentido antes comentado la noción de crimen de lesa humanidad es banalizar una categoría que en última instancia tiene como función pedagógica y reparadora el restablecimiento de las bases éticas del Estado, sin las cuales el Poder Público se convierte en una asociación de bandas armadas y la sociedad se precipita en el caos del que estamos toda tratando de salir.

por Rodolfo Mattarollo - consultor de la Secretaría de DDHH

publicado en Miradas al Sur el 14 de Septiembre de 2008

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CRISTINA EN EL COLEGIO NACIONAL DE LA PLATA

Buenos días a todos y a todas; señor Gobernador de la provincia; señor Intendente; querido Gustavo, Rector de este querido Colegio Nacional; amigos y amigas; viejos compañeros y viejas compañeras: quiero decirles una obviedad, hoy es un día de mucha emoción y de muchos recuerdos.

La última vez que estuve aquí en el Colegio Nacional fue en el año `74; Gisel, mi hermana, no llegaba, ella venía de mañana al colegio, eran las 3, las 4 y mi papá empezó a preguntar ¿dónde está tu hermana? No sé, yo sabía dónde estaba, había una toma acá en el colegio ese día, eran años muy difíciles, años de mucha lucha.

Finalmente escuchó por la radio que el colegio estaba tomado y dijo: "tu hermana está ahí, yo la voy a buscar". Yo dije: "no, es un papelón que este hombre caiga en medio de la toma del Colegio a buscarla a mi hermana", así que me subí con él al auto y vine acá.

Me acuerdo que estaba la policía montada afuera, entré por el costado caminando y me acerqué acá al viejo portón. Ya había terminado la toma y mi hermana se había ido a casa hacía unos instantes, pero me acuerdo que fue la última vez que traspuse ese portón y que vine acá.

Realmente han pasado muchas cosas, todas las que contó Gustavo; recuerdo todavía a Claudio cuando venía a casa; lo volví a encontrar muy lejos de acá, su nombre en un bosque de la memoria cerca de Jerusalén; allí me enteré que su madre era judía y que por eso figuraba y lo recordaban también en ese parque de la memoria; muchas cosas, señales, coincidencias.

Vengo recién de otro lugar también emblemático aquí en La Plata, el Hospital de Niños y justo ahí me encontré con la hermana de crianza de Joaquín, el compañero de Adela Segarra, otra alumna de esta casa. No sé si estará Adela por ahí, si habrá venido. ¡Hola Adela cómo estás! Me encontré con Nené, una hermana de crianza de Joaquín que estaba en el Hospital de Niños. Nada que ver pero todo que ver. Es como que todos los pedazos vuelven a juntarse unos con los otros y podemos volver a construir un país, sueños e ilusiones.

La reconstrucción de este colegio no es una obra arquitectónica, no es la reparación de un monumento histórico construido hace 100 años. Es algo más, es la reparación de nuestra propia memoria, de nuestros propios recuerdos por los que no están, en esta noche también aniversario de la Noche de los Lápices. Pero no es un día de tristeza, no tiene que ser de tristeza, al contrario, tiene que ser de alegría, porque en aquellas épocas duras, de enfrentamientos, había también alegría; alegría porque se quería cambiar un mundo y una sociedad a la que vivíamos como injusta.

Por eso digo que esta obra que estamos inaugurando hoy es la reparación de esos sueños. Y nos encuentra en un momento muy particular de nuestro país y del continente.

Hoy Gustavo recordaba que estuve ayer en Santiago de Chile, en La Moneda. Ayer pude asistir también allí, nos mostraba la presidenta Bachellet cómo reconstruyeron el escritorio íntegro de Salvador Allende y el sillón en el que él murió. (APLAUSOS).

Me acordé en ese instante de otro 11 de septiembre aquí en La Plata, 11 de septiembre de 1973, te tenés que acordar Emilse vos también, fue una de las movilizaciones más grandes que se hizo al otro día, el 12, en repudio al golpe militar.

Entonces uno va juntando memoria, va juntando recuerdos, va juntando experiencia y junto a esas experiencias viene lo que planteaba recién Gustavo, la actitud positiva y diferente de construcción, de una construcción que hoy nos permite decir con orgullo que vamos a destinar a la educación por la que siempre peleamos, con la que siempre soñamos y con la que nos hicieron de la manera que nosotros somos, poder destinar la mayor cifra que nunca se destinó en toda la historia de la República Argentina a nuestras universidades, a nuestros colegios, a los sueldos de nuestros educadores universitarios. (APLAUSOS)

Y junto al trabajo recuperamos la educación; la educación y el trabajo que son los dos instrumentos por los cuales una sociedad cambia, por los cuales una sociedad crece.

Hoy también es otro aniversario, tal vez para algunos un poco más de un sector, 16 de septiembre de 1955, hace 53 años del derrocamiento. Son cosas que todavía muchas veces separan, pero yo me quedo con el discurso que una vez pronunció Estela de Carlotto en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno cuando se recordó otro 16 de septiembre.

Ella contó que era antiperonista en septiembre de aquel `55, que como tantos otros argentinos ese día estuvo contenta, y que cuando pasó el tiempo se dio cuenta que se había equivocado, porque se piense como se piense y se esté en el lugar que se esté nunca se puede celebrar cuando cae un gobierno democrático, elegido por el pueblo, aunque ese gobierno no sea el nuestro, el que hayamos votado, aunque no nos guste. (Aplausos)

Por eso me atrevo a juntar todo en esta mañana, el 16 de septiembre de los chicos de La Noche de los Lápices, el 16 de septiembre de aquel peronismo, y tal vez, aunque no todos lo veamos, haya un hilo conductor entre todo eso, porque cuando en las sociedades no se respeta libremente la expresión de los otros, cuando se cree que solamente por tener una posición económica o una posición de elite hay que predominar o dominar al conjunto, creo que es ahí cuando las sociedades comienzan a equivocarse, cuando pierden sus formas democráticas.

Democracia no es solamente votar cada dos o cuatro años, democracia es fundamentalmente aceptar al otro con las diferencias, con los errores y con los aciertos.

Por eso este 16 de septiembre es un 16 de septiembre diferente, de optimismo, de alegría, de recuperación, de construcción, porque además estoy absolutamente segura de que ellos querrían tener también un país como el que hoy empezamos a construir entre todos. Por esas cosas, por el acceso a la educación, por la movilidad social, porque la educación sea un derecho para todos y el trabajo también, es por lo que luchábamos, y creo que siempre seguiremos luchando.

Hoy quiero agradecer a Gustavo, el Rector del Colegio Nacional, por ese empecinamiento, esa perseverancia en la recuperación de este colegio que es emblemático para los platenses y para los argentinos, para todos aquellos que concebimos a la educación, a la excelencia, como un objetivo a lograr por todos.

Yo quiero convocarlos a todos en este día de fuerte connotación nacional, local y hoy regional, con las cosas que pasan en la región, a unirnos muy fuerte para defender principios de libertad, principios de democracia, principios de educación, de trabajo, de construcción, por la positiva, por vivir para adelante, por eludir el agravio y la descalificación. En todo caso confrontar ideas y argumentos, pero nunca más confrontar insultos, agravios o descalificaciones, porque el mejor homenaje que les podemos hacer a esos jóvenes que hoy estas aulas llevan sus nombres, es eso, la lucha con la idea y con el argumento, fundamentalmente con las ideas, nunca más con el agravio o el enfrentamiento.

Creo argentinos que estamos en un momento de profunda introspección de nosotros mismos, viendo cómo ese mundo, ese primer mundo que nos habían pintado en algún momento como la meca a la que debíamos llegar, se derrumba como una burbuja.

Y aquí nosotros, modestos y humildes los argentinos, con nuestro proyecto nacional, con nuestro construir con nuestros propios esfuerzos, con la acumulación de nuestras reservas, con la construcción de un modelo industrial, de acumulación de trabajo, de educación, aquí estamos, en medio de la marejada, firmes, como este colegio, reconstruidos y dispuestos a seguir enfrentando como siempre el presente y el futuro.

Muchas gracias a todos ustedes por haber esperado tanto tiempo y gracias a los alumnos, a los padres, a los compañeros, a las madres, a las abuelas, a todos los que siguen creyendo que la Argentina es nuestra casa y nuestra mejor casa.

16-09-2008


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TRANSFERENCIA DE AEROLINEAS ARGENTINAS

Buenas tardes a todos y a todas; señor Presidente provisional del Senado; señor Presidente de la Cámara de Diputados; señores Gobernadores de las distintas provincias argentinas; señores legisladores, legisladoras; señores empresarios:

Recién cuando escuchaba al señor Ministro de Planificación Federal, recordé la primera vez, que volé en un avión, tenía exactamente 22 años, fue en Aerolíneas Argentinas y fue porque un hombre, al que había conocido en mi ciudad, en la Universidad de La Plata, quería llevarme a conocer a sus padres, que vivían en el sur, en Río Gallegos, en la Patagonia y esa vez fue la primera que viajé en avión.

Luego, también, cuando viajé por primera vez, al exterior, lo hice en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, en primera clase, en una primera clase que realmente podía compararse con las primeras clases de las mejores líneas aéreas del mundo.

Quiero decirles que me hubiera gustado realmente que este acto no tuviera lugar, me hubiera gustado mucho que quienes adquirieron la empresa, a quienes se les vendió la empresa hubieran podido llevar adelante una operación exitosa y hoy estaríamos, tal vez, encontrándonos por otras razones, por otros motivos. Pero lo cierto es que la descripción dura, grave, pero cierta que ha hecho el señor Ministro de Planificación, en cuanto al estado de nuestra aerolínea de bandera, en cuanto a la posibilidad de seguir comunicando a nuestras ciudades, localidades del país profundo ha obligado al Estado Nacional a tomar una decisión, esta decisión para poder garantizar el servicio, la comunicación y para poder garantizar la subsistencia de nuestra aerolínea de bandera.

Yo debo confesarles, que recién, cuando escuchaba un poco la descripción de lo que fue la ola privatizadora, que sacudió a toda la América latina, a toda la América, a todo el mundo, tal vez a partir del Consenso de Washington, debo también decir algo que siento muy adentro de mi corazón y de la experiencia, y que no sería sincera sino lo dijera, por lo menos, en voz alta. Yo creo que, más allá de todos los intereses terribles, que alentaron esas políticas y esas doctrinas, tal vez, nosotros los argentinos muchas veces no nos dimos cuenta que con nuestras alentábamos y fomentábamos que esos discursos privatizadores, sobre todo en materia de servicios públicos, penetraran en la sociedad y fueran demandados por la gente, tal vez alguien podrá recordar alguna mítica Doña Rosa, que era permanentemente convocada y anunciada.

Y lo cierto es que ese discurso que, tal vez, sin lugar a dudas, respondía a otros intereses tambien encontraba anclajes importantes en comportamientos y conductas. ¿Por qué?

Porque los servicios públicos necesitan una buena prestación, que es la única garantía de que realmente, entonces, esos discursos no penetren. Yo recuerdo, tal vez en otras actividades, no en una aerolínea, que uno debía estar un año o dos para conseguir un teléfono y pagarlo a cifras exorbitantes y tal vez uno no era bien atendido en tal o cual servicio o no podía contar con el agua, o con el gas o no podía contar con la línea de electricidad.

Y entonces todo eso fue lentamente como un hilo de agua horadando la piedra y penetrando. Yo no creo que solamente hayan sido intereses, sino también comportamientos y conductas propias que fueron funcionales, tal vez, a esos discursos y a esas doctrinas.

Hoy, Aerolíneas Argentinas es una empresa concursada, está en concurso. Para los que no entienden Derecho, el concurso es el paso previo a la quiebra. En estas condiciones y con una deuda post-concursal, como recién decía el Ministro, de casi 980 millones de dólares, de los cuales 260, algunos síndicos sostienen que es más, que es exigible, ordené al Ministerio que se presentara ante el señor Juez del concurso para precisamente pedir la intervención judicial por esa deuda post-concursal y poder garantizar el servicio mínimo. Luego pudimos llegar a un acuerdo, que se formalizó hoy, y que consiste básicamente en un período de transición de 60 días, en los cuales debemos analizar - Tribunal de Tasación de la Nación mediante - cuál es el verdadero estado patrimonial de la empresa.

Pero esta es una decisión, que no puede ser tomada solamente por quien les habla, por más facultades legales, que tenga como Presidenta de la República. Esto exige también la participación activa del Congreso Nacional. En primer lugar, porque me corresponde por aplicación de la ley 23.696, de privatizaciones y la Comisión Bicameral, de seguimiento de las privatizaciones, que tiene participación obligatoria, desde que la compañía se privatizó hasta la fecha.

En segundo término, porque también debemos disponer de sumas para poner en valor, nuevamente, a la empresa. Y de esta manera, luego, plantearnos la participación, a través de mecanismos licitatorios públicos transparentes, nacionales e internacionales, la incorporación de capital privado porque creemos en la articulación de lo público y lo privado para hacer grande a esta empresa.

Creo, entonces, que vamos a tener una participación de los tres Poderes básicos del Estado: quien preside el Poder Ejecutivo; el Parlamento, a quien se enviará el proyecto de ley para su tratamiento y eventual aprobación y, obviamente, la tercera pata del trípode, el Poder Judicial, porque, reitero, se trata de una empresa concursada.

Pero no llegaremos a buen término ni a buen puerto si además no contamos con algo que es esencial, definitivo y estructural en el salvataje de Aerolíneas Argentinas como empresa de servicios y que es la participación activa y positiva de todo su personal, sus pilotos, sus técnicos, sus azafatas, su personal en las maletas. En fin todos los gremios que hoy constituyen el corazón de la empresa y que son realmente los únicos quienes, junto a la ayuda que pueda dar el Estado a través de sus tres Poderes, Ejecutivo, Judicial y Legislativo, pueden salvarla, porque es una empresa de servicios y el objetivo debe ser el usuario, recuperar al cliente de Aerolíneas que se fue ya que los que vuelan quieren volar seguros, quieren salir en término el día que habían previsto y llegar al lugar a la hora y en el día que habían previsto y esto no lo puede hacer ni la Presidenta ni los legisladores ni los jueces.

Que los vuelos salgan en horario, que lleguen en horario, que el usuario no se vea por allí molestado por conflictividades o por cuestiones que le son absolutamente ajenas porque él ha pagado el precio de su pasaje, de su servicio y lo que quiere es recibir ese servicio, es una tarea que, como en toda empresa de servicios, no solamente en Aerolíneas, le va a corresponder a sus trabajadores.

Lo que nosotros tenemos como obligación desde el Estado es garantizar los instrumentos como para que puedan hacerlo, pero el servicio va a ser esencialmente responsabilidad de todos ellos y su salvataje también.

Yo quiero hablarles desde el corazón, desde la sinceridad con la que siempre he abordado todos los problemas. Creo que uno de los principales problemas que muchas veces tenemos los argentinos es no hacernos cargo de las cosas, es ocultar, disimular o disfrazar los problemas; yo creo que todos, absolutamente todos debemos acostumbrarnos a abordarlos con sinceridad, con convicción, con transparencia, con la voluntad, como recién decía el señor Ministro de Planificación Federal, para resolverlos, pero todos sabiendo cuál es la responsabilidad que nos cabe en cada uno de los momentos y en cada una de las acciones que tenemos que llevar a cabo.

No es difícil, yo creo que lo podemos hacer, yo creo que hemos dado muestras de que hemos podido torcer un destino que muchos creían que era imposible hacerlo en la Argentina, como gestionar de una manera diferente, lograr cosas que parecían impensables. Pero para eso necesitamos el esfuerzo mancomunado de todos, una disciplina entre nosotros mismos que garantice que la empresa vuelva a ocupar ese lugar privilegiado que supo ocupar porque estoy convencida de la capacidad de los hombres y de las mujeres que integran su personal. Es necesario que todos pongamos entonces el esfuerzo en la misma dirección, con los mismos objetivos y pensando en los usuarios, nacionales y extranjeros.

Yo quiero contarles, ustedes lo saben, que hemos duplicado la cantidad de turistas en la Argentina: de 2 millones hemos pasado a más de 4 millones, más de 4.100 millones de dólares, 7,7 del PBI hoy es producto del turismo en sus diversas actividades. Es clave para nosotros tener, entonces, una aerolínea de bandera y un servicio aerotransportable, no solamente hacia el exterior, sino también en nuestros vuelos de cabotaje de calidad y eficiencia para no perder todo lo que hemos ganado como destino turístico.

Esto debemos hacerlo con la convicción, no solamente de cuidar nuestro puesto de trabajo, sino sabiendo que nuestro puesto de trabajo lo cuidamos, no porque el Estado se haga cargo de la empresa, sino que el puesto de trabajo en una empresa de servicios se logra brindando el mejor servicio y ganando la mayor cantidad de clientes. Esto es así en cualquier actividad que tenga que ver con los servicios.

Comprender esto es empezar a resolver el problema y yo estoy convencida de que lo vamos a poder hacer porque los argentinos, más allá de las dificultades, más allá de las diferencias que tenemos, somos esencialmente hombres y mujeres inteligentes que, finalmente, vamos a privilegiar, como siempre lo hemos hecho, los intereses de nuestro país.

Con esta convicción y con esta confianza es que hoy me dirijo a todos ustedes y, especialmente, a los trabajadores de Aerolíneas Argentinas, pidiéndoles un esfuerzo muy grande porque el Estado, haciéndose cargo de sueldos, haciéndose cargo de aguinaldos, haciéndose cargo de todo lo que se necesita para poner en marcha nuevamente la empresa, está apostando, junto a todos los argentinos, a que ustedes pueden darnos también esa mano y, entre todos, volver a ser y a construir la Aerolínea Argentina que alguna vez fuimos y que desgraciadamente por esta historia tan terrible que hemos tenido, no solamente en esto sino también en tantísimas otras cosas, habíamos dejado.

Yo quiero agradecer la presencia de todos ustedes y dar un voto de confianza para que juntos todos podamos volver a decir "todos somos Aerolíneas Argentinas".

Muchas gracias. (APLAUSOS)


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martes, 23 de septiembre de 2008

LAS CRITICAS NO DEBEN INHIBIR LO POSITIVO

—Su espacio no acompañó al kirchnerismo en Octubre, pero sí en el conflicto por las retenciones. ¿Cuál fue su lectura?

—Hicimos un acompañamiento crítico con absoluta autonomía. Las retenciones móviles son una medida adecuada tendiente a apropiarse para distribuir parte de una rentabilidad extraordinaria que, entre otras cosas, surge del tipo de cambio sostenido por el Estado con esfuerzo de todos y todas los integrantes de la sociedad. Por otra parte, consideramos que lo que estaba en discusión era el rol del Estado como garante y legítimo regulador de la economía. Así como el modelo del rol de Argentina en el mundo y los beneficios de ese rol, si accederá el conjunto de la población o no; para la distribución equitativa es necesario que el Estado se apropie esos beneficios.

—¿Y cuáles son las críticas?

—Acompañamos críticamente porque creemos que el Gobierno viene devaluando su palabra oficial, por ejemplo con su manejo del INDEC. Así pierde posibilidades de interpelar a la sociedad en temas importantes. Criticamos también el proyecto del tren bala, el no reconocimiento de la personería de la CTA, o el creciente sostén del Gobierno en las estructuras del PJ.

Pero las críticas no inhiben apoyar lo positivo; hay un rumbo con un piso que compartimos, como fuerza progresista debemos estar de este lado peleando por subirle el techo al rumbo.

—Desde ese punto de vista, ¿lo sienten como una derrota propia?

—Creemos que fue una derrota no sólo del Gobierno sino de todos los que queríamos profundizar el debate sobre distribución y el rol del Estado en esa distribución, una derrota en el arco de consenso sobre la importancia de esos temas.

—¿Qué perspectivas le calcula a la red de sustento kirchnerista tras el denominado fracaso de la Concertación?

—Sucede que la Concertación era, o es, una estructura sostenida sobre un sistema de conveniencias, no de convicciones. Una estructura así es funcional a cualquier ideología, no se puede pensar en sostener un proyecto transformador sobre eso.

La Argentina necesita espacios políticos nuevos. Tal vez pueda participar el kirchnerisno no pejotista, el ARI no derechizado, la CTA, en forjar un espacio común que reconozca el piso construido desde 2003 y pelee por elevar el techo puesto por el propio PJ. En principio es importante que estas ideas se sigan debatiendo, sobre todo en torno al crecimiento con equidad.

Después, hubo sectores progresistas que quedaron del otro lado. No todos los opositores a las retenciones se oponían por los mismos motivos. Para algunos era conceptual, de derecha orgánica, mientras que otros encontraron ahí el lugar para expresar su oposición al gobierno kirchnerista.

—¿Qué puntos considera principales para la discusión política actual y por venir?

—Dos ejes: más democracia y más distribución. Hay que mejorar la calidad de la política día a día. Porque es un valor en sí pero además porque son dos cosas que van de la mano, justicia social y democracia, se retroalimentan. El sistema de partidos aún debe ser profundamente mejorado, a la par de continuar peleando por políticas redistributivas que por ejemplo graven la renta financiera y los derechos a las exportaciones mineras, y que lleve a cabo una reforma tributaria profunda que entre otras cosas reduzca el IVA para productos de primera necesidad.

Por Martín Sabatella
Publicado en Revista Zoom el 21 de Agosto de 2008

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MI VOTO ES POSITIVO

A comienzos de los años 90 hice un viaje a Buenos Aires a fin de buscar documentación y testimonios para mi libro El Presidente que no fue. En aquel momento vivía una suerte de continuidad autoimpuesta del exilio, en una barriada del sureste de Londres.

De la Argentina pretendía llevarme vestigios del gran naufragio de los setenta, para tratar de armar con ellos un rompecabezas que me permitiera entender lo que yo mismo había vivido veinte años antes.

Mi viejo amigo Beto Borro, que colaboró en aquella búsqueda en los laberintos del pasado, me había dado cobijo en su casa de entonces, cercana al Pacífico.

En un mundo aparentemente unipolar reinaba el Consenso de Washington con sus basamentos principales: democracia sin debate político y mercado sin regulaciones; en la Argentina, Menem celebraba en la Ferrari Testarossa un tiempo de bonanza y crecimiento, que encubría la entrega dolosa del patrimonio nacional y parecía imponerse en la batalla cultural, apoyado en la Plaza del Sí organizada por Marijuli y el finado Bernardo Neustadt.

Transcurrían las noches en largas sobremesas, donde pasábamos revista a las calamidades de la época, que parecían confirmar las predicciones de Francis Fukuyama sobre “el fin de la historia”.

“Doña Rosa”, esa encarnación protofascista del sentido común, abominaba del Estado y celebraba la venta de cada joya de la abuela, sin imaginar que al final acabarían por vender a la abuela misma. Nuestro amigo Juan Carlos Volnovich definía la subcultura farandulera dominante con una frase certera: “El menemismo ha hecho público lo privado y privado lo público”.

Con Beto nos preguntábamos dolorosamente cómo se podría superar este modelo a lo Juárez Celman que nos tocaba padecer; qué reforma podría intentar un hipotético gobierno alternativo –en un improbable futuro– para revertir ese colosal vaciamiento, cuando le habían arrebatado las herramientas elementales para construir soberanía.

No apresure el lector escéptico la sonrisa irónica o el juicio lapidario: no intento componer una canción de gesta con la votación del jueves y menos aún pretendo insinuar que estamos cerca de reconstruir algo parecido a lo que fue el Estado de Bienestar que la Argentina conoció hace muchas décadas.

Es apenas un paso, pero un paso en la dirección correcta, porque el servicio público de aeronavegación comercial es mucho más que la simple demanda de pasajes; tiene que ver con la integración territorial y el desarrollo económico y social de la Nación.

Es verdad que ese paso fue dado inicialmente por el Gobierno con ambigüedades, contradicciones y la censurable intención de que el Congreso ratificara como escribano el acta-acuerdo para la compra venta de Aerolíneas y Austral firmado por los representantes del corsario Marsans y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, que no se lució precisamente en el control del vaciamiento perpetrado por la empresa española.

El proyecto original que el Poder Ejecutivo envió al Congreso, firmado por Jaime, el ministro Julio De Vido y el nuevo jefe de Gabinete, Sergio Massa, incluía también otro artículo imposible de votar: el sexto, que abría una rendija para una eventual reprivatización de la empresa, una vez que el Estado-pelotudo la saneara.

Pero las cosas ya no son como eran y el jefe del bloque del Frente para la Victoria-PJ, Agustín Rossi, tuvo la receptividad y la cintura necesarias para convencer al secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, y a la propia presidenta Cristina Fernández, de que era imprescindible sacar del medio esas propuestas inaceptables, para que la ley de rescate fuera votada por otros bloques y por los propios críticos que ya alzan la voz dentro del oficialismo.

Los hechos le dieron la razón y la mayoría más sus aliados eventuales se impuso por 167 votos contra 79, con sólo 10 ausencias. Un triunfo mucho más holgado que el obtenido por el proyecto de las retenciones móviles, también modificado por Diputados y hundido en el Senado por el voto “no positivo” de Cleto.

Un escenario que probablemente no habrá de reproducirse cuando la Cámara alta trate la media sanción sobre Aerolíneas. No sólo por la contundente votación en Diputados y el ánimo social, mayoritariamente favorable a la recuperación de la línea de bandera, sino porque la propuesta de la oposición (integrada entre otros por la UCR, la Coalición Cívica y el PRO) es directamente un disparate.

Muy lejos estaba entonces de suponer que llegaría a vivir lo que tuve el privilegio de disfrutar la noche del jueves pasado: estar sentado en una banca de diputado, votando la reestatización de Aerolíneas Argentinas.

La quiebra de Aerolíneas y la creación de una nueva empresa supondrían costos económicos y sociales mucho más onerosos para el Estado y la sociedad, que la reestatización, además de acabar con la continuidad laboral de los más de nueve mil empleados de AA y Austral.

Un dato no menor respecto de los cambios introducidos en el proyecto del Ejecutivo por el dictamen de mayoría es que el precio de la compra, que en el acta-acuerdo made in Jaime De Vido podía ser fijado por las partes con el eventual arbitraje de un tercero supuestamente imparcial, ahora será establecido por el Tribunal de Tasación, con la cooperación de la Auditoría General de la Nación y la aprobación o rechazo del Congreso.

A la hora de fijar el precio habrá que recordar que el Grupo Marsans cuando compró Aerolíneas, ya fundida escandalosamente por Iberia, pagó un euro. Lo cual fue festejado como un triunfo por el malogrado gobierno de Fernando de la Rúa. Y que los corsarios ibéricos lejos de incrementar el patrimonio de la aerolínea terminaron de evaporarlo, incluyendo en sus pases mágicos los 750 millones de dólares que les otorgó la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) del Estado español.

El dictamen de mayoría votado el jueves dista de ser perfecto; a varios diputados que votamos positivo nos hubiera gustado incluir un artículo propuesto por los socialistas en su dictamen de minoría, que establece la creación de una comisión bicameral investigadora del proceso iniciado el 18 de julio de 1990 con la privatización de Aerolíneas Argentinas SA y Austral Líneas Aéreas-Cielos del Sur SA, hasta la fecha del acuerdo firmado entre el Poder Ejecutivo Nacional y la firma Interinvest SA (Marsans), el 17 de julio de 2008.

La pelota está ahora en campo de los corsarios, pero regresará al Congreso para fijar el precio. Si los autores del pillaje accionan contra el país, habrá llegado la hora de subir la apuesta y votar, directamente, la expropiación.

por Miguel Bonasso
Publicado en Crítica de la Argentina el 24/08/2008

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EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVOS Y EL APOCALIPSIS

Resucitaron. Repentinamente algunos medios de comunicación vinculados con los sectores más concentrados nos inundaron con visiones apocalípticas del presente y el futuro cercano de la economía argentina.

Economistas, politólogos, sociólogos, políticos y periodistas especializados, muchos de los cuales supieron ser soportes ideológicos y algunos responsables directos de la aplicación de políticas neoliberales que nos llevó a la crisis terminal de 2001/2, salen ahora a alertamos acerca de las graves dificultades en las que estamos inmersos y las aún más graves que nos esperan.

La oposición se monta acríticamente sobre estos diagnósticos, a pesar de que muchos de ellos enfrentaron anteriormente el modelo neoliberal.
Algunos datos de la realidad.

Un reciente estudio elaborado por el CESPA (Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina), que dirige Jorge Schvarzer expresa que "en 2007 se completó un lustro de crecimiento a tasas inéditas, superiores en todos los años al 8%", como así también otros índices señalan que, como balance productivo, 2007 ha sido el mejor desde el punto de vista de la evolución de los distintos sectores de la economía argentina.

Para ver cuál es la situación en 2008 nos remitiremos a algunos análisis del Plan Fénix sobre la coyuntura.

El crecimiento del primer semestre sigue reflejando guarismos similares a los de años anteriores, con la salvedad de la influencia del conflicto agropecuario, que se estima incidirá en no más de medio punto, dada la acotada participación que la producción primaria tiene sobre el PIB.
>p>La inversión alcanza el orden del 24% del producto, cifra significativa que se compadece con la información del crecimiento de la importación de bienes de capital que, sumada a la producción local, acompaña las demandas del crecimiento.

El desempleo continúa en el orden del 8%, si bien con aún elevados indices de empleo informal e importantes diferencias salariales. El superávit fiscal primario consolidado se estima que en 2008 se situará en el 3% del PIB, porcentaje que debe ser analizado juntamente con el peso de los intereses de la deuda pública, que hoy no supera el 2% y que en 2001 representaba el 3,8% del producto. El sector externo sigue siendo superavitario, relativizado por el incremento de las importaciones que es superior al de las exportaciones.

Si bien el total de la deuda pública representa el 53% del PIB, notablemente inferior al de 2001,asciende a 144.000 millones de dólares; esta cifra es similar al período de la crisis pero su composición ha sufrido modificaciones sustantivas en cuanto a sus plazos y a su denominación en moneda extranjera y local, ya que se estima que más del 40% está en pesos. Las amortizaciones de deuda están cubiertas, mientras que las de 2009 no parecen ser críticas.

En este escenario influyen negativamente la percepción de un proceso inflacionario creciente, la intervención en el Indec, que lleva a poner en duda toda la información estadística oficial y una presión a la suba de los precios.

En un reciente trabajo, el historiador y economista Mario Rapoport nos recuerda que durante el gobierno del doctor Humberto Illía las tasas de crecimiento fueron del orden del 10% anual y convivieron con índices inflacionarios que fueron del 20 al 28% y con redistribución del ingreso; es decir que la inflación puede ser una limitante para la distribución del ingreso pero no conduce necesariamente a una situación crítica, siempre y cuando se tomen medidas razonables para controlarla.

Un elemento que debe ser tomado en cuenta es la crisis financiera internacional que, si bien no nos ha afectado en forma severa como sí ocurrió en períodos anteriores ante situaciones de menor envergadura, influye en alguna medida; debido, en parte, a la extranjerización y fuerte concentración de la economía argentina se ha producido una fuerte demanda de divisas para atender los requerimientos de disponibilidad de los centros financieros.

Quiénes son los beneficiarios.

Estas consideraciones hacen pensar acerca de quiénes son los beneficiarios de crear la visión de una situación crítica en la actualidad; por un lado, los sectores financieros y especulativos interesados en generar una baja en las cotizaciones de títulos y acciones para mejorar su rentabilidad y acompañar una suba generalizada de intereses.

En este sector se incluyen los grandes intereses vinculados con el sector agropecuario y sectores industriales que también se relacionan con los sectores financieros y agropecuarios.

Los otros beneficiarios son los políticos que no contaron con el apoyo mayoritario de la población y no vacilan en aliarse con quienes están ideológicamente en sus antípodas.

Algunas cuestiones preocupantes.

Desde el gobierno se da pie, por acción u omisión, a muchas de las críticas que inundan los medios interesados en promover las acciones señaladas anteriormente. Cobra relevancia el tema del Indec que requiere una urgente modificación tanto en su conducción como en sus criterios de funcionamiento, de modo de volver a contar con una herramienta fundamental en un proceso de desarrollo con equidad.

Es imprescindible tener información confiable sobre la inflación para poder actuar sobre ella, así como sobre los índices de pobreza e indigencia estrechamente relacionados.

Es preocupante la actual apreciación de nuestra moneda producto de las medidas que respecto del tipo de cambio desarrolla el Banco Central de la República Argentina, así como la disposición del Ministerio de Economía de liberar por 30 días las restricciones a la entrada de capitales de corto plazo y la operación llevada a cabo con el gobierno de Venezuela, que fija una tasa de interés muy elevada para los títulos públicos.

En recientes discursos, la Presidenta reiteró el énfasis de su gestión en la distribución equitativa del ingreso. Para que estas manifestaciones sean realidad es necesario adoptar una serie de medidas entre las que la reforma tributaria ocupa un lugar central.

En esta confrontación comunicacional son muchos los que se llamaron a prudente silencio y ahora vuelven con renovados bríos a ponerse al servicio de los intereses de siempre, prestándose nuevamente a ser su sustento académico. Para neutralizarlos hacen falta memoria y justicia, ya que también ellos atentaron contra los derechos humanos contribuyendo a arrojar a la mitad de la población a la pobreza y la indigencia.

Será tarea del Gobierno y de la sociedad desenmascarar estos discursos y avanzar en la construcción de un modelo de país más justo e inclusivo.

Por Abraham Gak

Publicado por Miradas al Sur

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sábado, 16 de agosto de 2008

LOS FUNDAMENTOS DE CRISTINA


El 18 de julio la Presidenta de la República suscribió el Decreto que limita la vigencia de la Resolución que estableció las retenciones móviles. Reproducimos sus “Vistos y Considerandos”:

“Que la igualdad de oportunidades en la totalidad del territorio nacional, para que exista equidad distributiva y también territorial, es un eje sobre el que el Gobierno Nacional está dispuesto a insistir.

Que para poder dar solución a esos problemas, nuestro país tiene que procurar una mayor equidad en las relaciones económicas, de modo que ningún resultado podrá obtenerse sin que deba producirse una mejora en la distribución de los ingresos a favor de los que menos tienen al interior de nuestra economía.

Y eso el resto.Que en orden a la doble repercusión local del crecimiento del precio internacional de los alimentos, que por un lado mejora el ingreso de quienes los producen en proporciones geométricas y, por el otro, amenaza con alejarlos de la posibilidad económica de adquirirlos a los sectores populares que han venido incrementando su participación en el consumo del mercado doméstico, la situación presenta gran complejidad.

Que, ante ello, con la clara finalidad de estabilizar los precios internos a niveles convenientes, mantener un volumen de oferta adecuada a las necesidades del mercado interno y asegurar un máximo posible de valor agregado en el país con el fin de obtener un adecuado ingreso para el trabajo nacional, se modificaron derechos de exportación vigentes para soja, girasol, maíz y trigo y sus derivados.

Que en consecuencia se dispuso que dichos derechos fueran móviles, y se incrementaron para la soja y sus derivados y se disminuyeron para el trigo y maíz.

Que aquel uso legítimo de facultades constitucionales y legales ejercido por un gobierno constitucional electo en elecciones libres y sin proscripciones, fue pretexto para un violento lock out, que inició una escalada de cortes de rutas, desabastecimiento, encarecimiento de alimentos, coacciones, amenazas, agresiones verbales y físicas, y ha querido presentarse ante el pueblo de la Nación como una manera de menoscabar la participación del Honorable Congreso de la Nación.

Que, sin perjuicio de haberse dictado en uso de facultades regladas, para mayor institucionalidad y ejercicio de la democracia, se postuló la ratificación de las medidas y la transformación del Programa de Redistribución en un Fondo con Afectación Especial, por el Honorable Congreso de la Nación.

Que en la convicción de que nada es mejor para la institucionalidad que respetar más a las instituciones, se pretendía que el propio Poder Legislativo tome plena participación, discusión y decisión en un tema que válida y prácticamente —atendiendo a la realidad de las urgencias que siempre imponen las políticas económicas— había oportunamente y legítimamente delegado.

Que a nadie podía agredir que el Congreso de la Nación, a instancias del Poder Ejecutivo, se pronunciara en una materia en donde la discusión de intereses había cobrado inusitada virulencia.

Que, sin embargo, todo indica que la resolución del tema por esa vía resulta imposible, dada la situación existente. Si bien la Honorable Cámara de Diputados de la Nación pudo arribar a una expresión de esa voluntad, por mayoría absoluta, en la Honorable Cámara de Senadores de la Nación existió un empate que hizo necesario el desempate por parte del Señor Vicepresidente de la Nación.

Que si bien los diputados pudieron acordar un proyecto que logró una mayoría parlamentaria suficiente, en la Cámara de Senadores sólo pudieron empatar en singulares condiciones y sin ningún consenso positivo, generándose una virtual imposibilidad de decisión oportuna del tema.

Que así, con una de las Cámaras a favor de la ratificación de la medida con mayoría absoluta y, la otra en virtud de aquel desempate, rechazando esa medida, no se ha podido resolver la cuestión, toda vez que deja el trámite inconcluso y al Congreso sin manifestación.

Que es este Poder Ejecutivo entonces el que debe dirimir la cuestión, volviendo a ejercer sus facultades, pues de otro modo ha sido imposible.

Que corresponde tomar las medidas que posibiliten destrabar la situación, instruyendo al Señor Ministro de Economía y Producción para que limite la vigencia de las normas que instrumentaron las retenciones móviles así como las que se destinaron a compensaciones, para que rijan retenciones iguales a las fijas que disponían las resoluciones 368 y 369 de ese Ministerio de fecha 7 de noviembre de 2007 (conocidas como las del 35%), a partir de la fecha de su publicación en el Boletín Oficial.

Que la República Argentina, en víspera de su Bicentenario, enfrenta una gran oportunidad de crecimiento si toma las medidas adecuadas en medio de esta verdadera crisis mundial provocada por el incremento de precios del petróleo y de los alimentos, impidiendo que ese crecimiento de los precios termine excluyendo a una mayoría de nuestra población.

Que mantener un adecuado nivel interno del precio de los hidrocarburos y de los productos que consume nuestro pueblo en lo económico y sujetarnos a la regla central de la democracia que es, en diversidad y pluralidad, respetar la voluntad popular, traducida en respeto a las instituciones es sustancial. Preservar la calidad institucional, permitirá encontrar mecanismos para la composición de los diversos intereses que componen la Patria.

Que no debe haber interés que pueda estar por encima del interés de la Patria, no puede haber sector que imponga coactivamente al conjunto sus propios intereses de lucro.

Que manteniendo las convicciones respecto de la necesidad de la adopción por nuestro país de un sistema de derechos de exportación variables o móviles con miras a la protección del interés de los que menos tienen, ordenamos dejarlas sin efecto para que puedan discutirse, en democracia y pluralidad pero con instituciones que estén exentas de presiones.

Que forzoso es decirlo, el debate mostró un ejercicio democrático al interior de las instituciones, pero en un marco de agresiones y presiones de todo tipo ejercidas sobre los legisladores y sus familias y sus lugares de residencia, de una manera que es preciso desterrar de los comportamientos sociales y públicos para que en verdad, exista cada vez más institucionalidad y más democracia.

Que en la manera en que esas agresiones físicas, amenazas y presiones de distinta y diversa naturaleza —algunas imperceptibles— limiten o determinen de algún modo las voluntades de quienes legítimamente tienen la tarea de decidir en nombre de todos los que los eligieron, estará condicionada y limitada nuestra democracia y el nivel de la calidad de nuestras instituciones.

Que la presente medida se dicta en uso de las atribuciones emergentes del artículo 99 incisos 1 y 2 de la Constitución Nacional Argentina”.

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